@DIN - CULTURA: Reinauguran la librería Dimensión

lunes, noviembre 20, 2006

Reinauguran la librería Dimensión

Un encuentro cultural de los 60: en el centro, de corbata finita, Francisco René Santucho.

@DIN, 20 de noviembre de 2006 (Santiago del Estero) - Con la presencia de notables intelectuales santiagueños, como Luis María Álvarez (escritor), Antonio Kinen (filósofo de origen alemán), Olga Correa (pintora), Alberto Tasso (sociólogo), Hugo y Pablo Argañarás (pintor y cineasta, respectivamente), quedó inaugurado este sábado el nuevo local de Librería Dimensión.
El encuentro se efectuó en el principal salón de la librería, ubicado en esquina de calles Salta y La Plata, en Santiago del Estero, desde las 21:00.
Francisco Santucho (h), actual propietario de la Librería.

El acontecimiento adquiere importante relieve cultural debido a que la institución fue creada, a principios de los años 50, por Francisco René Santucho, fundador del FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano y Popular), uno de los movimientos políticos más trascendentes de Latinoamérica.
En una amplia casa, de construcción y arquitectura antiguas pero remozada a nueva, se abre con dignidad adecuada este tradicional espacio cultural argentino. El local posee dependencias y un patio que -según anunció la familia propietaria- se aplicará a reuniones artísticas y culturales.
En el acto de apertura hablaron Gilda Roldán -esposa del fundador- Francisco Santucho (h), Julio Carreras (h) y Carlos Virgilio Zurita.
Parte del público participante.

Gilda Roldán efectuó una breve introducción, además del anuncio del traspaso de su responsabilidad para llevar adelante la nueva etapa de la librería Dimensión a su hijo, Francisquito (31).
El destacado intelectual Carlos V. Zurita reseñó algunas de las actividades de Francisco René Santucho, que trajeron a estas tierras a creadores de la talla de Witold Gombrowicz, Miguel Ángel Asturias, Germán Arciniegas, Ezequiel Martínez Estrada y otros semejantes en las décadas de los 50 y 60.
Finalmente se sirvió un lunch y se efectuó un emotivo brindis que compartieron los numerosos asistentes.

Palabras en la reapertura de Librería Dimensión
Texto leído por el escritor Julio Carreras (h)

Estimados amigos:
Se me ha distinguido permitiéndome compartir con ustedes algunos de mis intensos recuerdos relacionados con la Librería Dimensión y sus fundadores, Francisco René Santucho y Gilda Roldán. Ello en parte, quizá, porque nací unos siete años antes que esta casa y más o menos desde esa edad comencé a nutrir mi mente con sus libros, de un modo más o menos regular.
Mis primeros recuerdos transcurren en un ámbito que se me presenta lánguido, una salita de estar primorosa, en un entrepiso del arbolado y fragante boulevard Absalón Rojas. Sobre el parpadeante fulgor del atardecer trascendiendo unas cortinas de gasa se me aparece delicadísima una figura de mujer impecablemente vestida de primavera, cuyo nombre recuerdo como “Sayonara”. Ella me ofrecía observar una colección de libritos con reproducciones desplegables que había traído de Italia. Niño enamorado de las imágenes, se imaginará mi arrobo al contemplar entre mis manos aquellos maravillosos cuadros, impresos con extraordinaria nitidez, de algunos pintores que veneraba, como Salvador Dalí, Toulouse de Lautrec, Vincent Van Gogh, Maurice Utrillo, Klimt: desplegados ante mí como en un calidoscopio. Sayonara advirtió mi fascinación y aún cuando bajaba los peldaños de aquella casa del procurador Santucho como quien desanda la escalera al cielo, no estaba seguro de haber escuchado con claridad lo que me dijera: “llevalas, te las regalo”.
Por aquellos días de 1959, 60, con nueve, diez años, trajinaba los anaqueles de Dimensión acariciando los libros de arte bajo la mirada compresiva y atenta de esta esencial Gilda, a mi entender el alma de la librería. Francisco le había confiado el manejo completo de la empresa; no lo recuerdo prácticamente allí, nuestros encuentros fueron casi siempre en otro lado.
El primero, impreso con tonos ocres en mi memoria, es el de un asado en nuestra casa, cuyo invitado central era el actor chileno Lautaro Murúa. Había venido a filmar Shunko y mi padre -que no tenía el hábito de los asados- había organizado uno, supongo, como una excusa para juntar a muchos de los mejores intelectuales que tenía Santiago. Recuerdo vagamente al poeta Alberto Alba, a un señor Alamino y Gaona El Hipnotizador, quien lo había hecho ponerse de cuatro pies y ladrar como un perrito, ambos amigos de mi papá; al por entonces muy joven “Loco” Soli, a Clementina Rosa Quenel... y a Santucho. Francisco René Santucho. Su rostro inexpresivo, pero a la vez permeado por innumerables matices con los que denotaba sentimientos profundos o pensamientos sutiles, más que con las palabras, se me fijó en las retinas con trazos más fuertes que los de un daguerrotipo. Para mí, niño que había sido criado en el culto de las ideas y el arte, aquellos que compartían el asado con mi papá eran próceres. He ido constatando después, poco a poco, que en verdad lo eran.
Mi segundo encuentro con Francisco René Santucho -el definitivo encuentro- sucedería varios años más tarde. Estábamos ya inmersos en la dramática y feliz vorágine de los 70, una época luminosa y ardiente.
Fue en una confitería de Córdoba. Se llamaba “La Salchicha Loca”. Una tarde nublada de invierno en 1973. Yo debía ir a las 3 de la tarde con un ejemplar del diario La Opinión bajo el brazo. Me habían dicho que “un compañero” quería verme, conversar conmigo. Por el tono respetuoso que usaron los otros compañeros para referirse al asunto comprendí que se trataba de alguien importante.
La primera vez falló. Estando junto a la ventana que daba a la avenida Maipú de La Salchicha Loca se me acercó alguien de unos 35 años -calculé- con ropa de obrero, aunque impecable, y llevaba también un ejemplar de La Opinión bajo el brazo.
-Vos sos el santiagueño...-me dijo.
-Ahá -, contesté.
-Antonio no va a poder venir.
-¿Ah sí?- contesté para ganar tiempo y reflexionar si era conveniente confesar que no tenía la menor idea de quién era “Antonio”.
-El tenía mucho interés en conversar con vos, siguió el otro con voz pausada, pero le salió una reunión importante... -ahí se interrumpió para calibrar si era prudente o no darme algún otro detalle... de pronto se dio cuenta por mi cara de que estaba perplejo.
-¿Sabés quién es Antonio, o no?
-No, le dije.
-Ah, bueno, no importa, el sabe quién sos vos. Ya se te va a avisar la próxima vez que lo puedas ver- finalizó Matico (después sabría que lo llamaban así), con la eficiente sequedad cordial que se usaba entre los militantes del PRT.
Lo encontré sólo cuatro o cinco veces a partir de ahí. Cada una de ellas pudimos conversar varias horas, pues aprovechaba al desocuparse de las reuniones para las que iba a Córdoba, para buscarme, hasta tomar el colectivo de las 11 de la noche que lo llevaría de regreso a Tucumán.
¿Por qué compartió conmigo algunas cuestiones delicadas? ¿Por qué me dijo, por ejemplo, que él era el responsable de las publicaciones culturales del PRT, Partido Revolucionario de los Trabajadores? ¿Por qué me dijo que vivía en Tucumán? ¿Por qué me dijo alguna vez que viajaba a Córdoba para integrarse a reuniones del Comité Central? Con sólo esa información, eventualmente obtenida de mí por medio de las torturas podrían haber hecho estragos entre las filas de nuestra organización revolucionaria. Tal vez vería en mí a una imagen de su hijo, entonces muy pequeñito, a quien sólo muy de tanto en tanto y a escondidas podía visitar.
Precisamente a uno de nuestros encuentros, en la casa de Gilda, lo grabé con su niñito durmiendo en la cuna, nosotros dialogando sobre el desarrollo de un libro, con la mesa repleta de papeles y las cortinas plegadizas de las ventanas completamente bajadas para evitar que nos vieran, pese a que estábamos en la planta alta.
En una de aquellas oportunidades, recuerdo haberle contado la principal preocupación que por entonces me angustiaba: si era correcto o no seguir con las operaciones guerrilleras en tiempo de democracia. La muerte de Rucci y los copamientos del Comando Sanidad y el batallón de Azul me habían desagradado profundamente y no hallaba en las filas de un partido combatiente nadie interesado en tal enfoque de la situación.
Era un hombre que escuchaba paciente, por más largos que fuesen los razonamientos de su interlocutor. Expuse entonces mi convicción de que era una oportunidad única la que se nos había abierto con el regreso de Perón y las amplias posibilidades de trabajo político que brindaba la democracia. Le dije creer que no la estábamos aprovechando, a pesar de que el partido había crecido tres veces desde mayo de 1973 hasta enero del 74, el momento en que conversábamos, y esto era sólo una muestra -según yo creía- de que debíamos darle mayor importancia al trabajo político legal que a la acción militar.
Después que hube apoyado con largos razonamientos mis sensaciones -no me atrevía a llamarlas “análisis político”-, esperé anhelante que me diera su parecer, preparado para recibir una reprimenda por mis “desviaciones burguesas”.
Guardó unos segundos de silencio antes de decir, con su personal parquedad:
-Pienso exactamente lo mismo que vos.
Nada más.
Esto me sorprendió: me había preparado con argumentos adicionales para tratar de revertir un posible aluvión de línea partidaria, que por entonces estaba enfilada de un modo unánime, como un barco en piloto automático, hacia el incremento de la acción armada.
Entonces me tocó guardar silencio, antes de preguntar:
-Si es así... ¿por qué no lo planteas en la dirección? Vos sos un hombre importante, prácticamente el fundador...
Bajó la cabeza con abatimiento y dijo:
-Ya lo he hecho. No me dan pelota. Están obsesionados con la lucha armada.
Esta fue la última conversación trascendente que tuvimos con Francisco. Después lo vi sólo de lejos, en un Congreso nacional, creo, apenas nos saludamos con la mano desde una distancia, entre miles de jóvenes que fueran de todo el país a participar de este encuentro en Rosario.
Más tarde, ya en la cárcel, unos compañeros me dijeron que había llegado desde Tucumán alguien que había tenido alta responsabilidad política en el PRT. Esperé con ansia poder verlo, y cuando me lo señalaron en el patio, fui en el acto a conversar con él, para preguntarle, luego de una breve presentación, si sabía algo de Francisco René Santucho. Fue él quien me dijo de su desaparición, en 1975, y también que le habían dicho haberlo visto en el Campo de Concentración “La Escuelita”, de Famaillá, donde también tuvieron a Mario Giribaldi. Nunca más se supo algo de él.
Creo que Francisco era uno de esos hombres capaces de una gran abstracción intelectual, que le permitía acceder a una perspectiva correcta de la realidad política y social de Latinoamérica. Ello le permitió, a mi entender, construir las bases de lo que sigue siendo el movimiento político más adecuado a las circunstancias actuales de la Argentina y Latinoamérica: el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano y Popular).
Desde aquella conversación en la placita del Hospital de Niños, en Córdoba, pasaron muchos años -precisamente 32-, pero los conceptos políticos que Francisco defendía, no han perdido en absoluto vigencia. Estos son nacionalismo cultural, soberanía económica, socialismo no necesariamente marxista y libertad de construir nuestro propio destino como integrantes del universo etnoespiritual latinoamericano.
Dimensión fue su obra madura: me refiero tanto a la revista como a la Librería. En la revista, que editaba personalmente, canalizaba sus ideas y las de quienes como él no se resignaron nunca al papel de sirvientes o empleados de los enemigos de nuestra patria.
En la librería, que prácticamente dejó desde sus inicios bajo la sabia conducción de la Gilda, se fueron generando, una tras otras, las vertientes más fértiles de la intelectualidad santiagueña, hasta el día de hoy.
Saludo pues a esta gloriosa empresa, tantas veces asesinada por la crueldad del poder o la desidia aldeana, sólo para volver a resucitar, como hoy, con más experiencia y renovadas propuestas de superación. Dimensión es, ya, un monumento vivo que nunca se podrá volver a ocultar. Y Francisco René Santucho, su fundador, tendrá que ser reconocido, cuando haya suficiente conciencia social para ello, como uno de los principales próceres de nuestra identidad nacional.

5 Comments:

At noviembre 20, 2006 7:43 a. m., Anonymous Anónimo said...

Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

 
At noviembre 21, 2006 8:57 a. m., Anonymous Lourdes Palau said...

Quisiera tener más datos sobre Francisco René Santucho, no se sabe mucho de el ¿hay algun libro sobre su vida)?

 
At noviembre 21, 2006 11:27 a. m., Anonymous Luciano said...

El proletariado rural: detonante de la Revolución Argentina

Tesis política del FRIP


Autor: Francisco René Santucho
Editado por la Secretaría Ideológica del FRIP
(Frente Revolucionario Indoamericano Popular)
NORTE ARGENTINO - 1964

TESIS I

La República Argentina es un país semicolonial seudoindustrializado

Caracterizamos a la Argentina como un país semicolonial seudoindustrializado. No es como sostienen algunos teóricos burgueses, y también algunos de izquierda, que la Argentina se encuentre en un desarrollo capitalista "clásico", es decir, no es que nuestro país haya llegado a través del desarrollo de sus fuerzas productivas al capitalismo y de lo que se trata ahora sea de desbrozar el camino de las supervivencias feudales para un amplio desarrollo de ese capitalismo, esto es, que la burguesía argentina realice la inconclusa revolución democrático-burguesa.
La industrialización, mejor dicho, la seudoindustrialiazación de la Argentina, es promovida por el imperialismo. No es el resultado de una nueva clase en ascenso, de una burguesía nacional con intereses en el mercado interno, vale decir con intereses nacionales, sino que es el producto de nuevas formas de explotación de los países coloniales a que ha echado mano el imperialismo. Este, sin abandonar su rapiña financiera, explota económicamente a los países coloniales y semicoloniales, se introduce con industrias -la seudoindustrialización- en la estructura económica de estos países, pasa a ser un factor interno en su desarrollo. No se limita a explotarnos en el comercio internacional, a vendernos productos manufacturados, sino que ahora los produce en nuestros propios países, con mano de obra barata, sin impuestos, sin competencia, en condiciones óptimas, extrayendo ganancias cada vez más fabulosas.
En el proceso de penetración, el imperialismo entrelaza sus intereses con los de la gran burguesía nacional y con la oligarquía terrateniente. Las convierte en sus socias menores, se inserta en las viejas formas de producción sin transformar con detenimiento la estructura económica. No desarrolla plenamente las industrias productoras de medios de producción -maquinaria pesada etcétera- que habrán de sostener el posterior crecimiento de los sectores industriales ligados a la producción de bienes de consumo -que en nuestro país sobrepasa a la de bienes de producción- sino que deja intacto el poder de sus aliados -la gran burguesía industrial y rural y la oligarquía terrateniente- dándose entonces, en la sociedad política, una coparticipación en el poder de las clases dominantes, pese a las fricciones circunstanciales, y el aguzamiento en momentos de crisis, de las contradicciones interburguesas. El imperialismo, por otro lado, se favorece ante esta situación, porque sigue obteniendo altos rendimientos con sus inversiones, y porque al mantener las viejas formas de explotación agraria -originadas por la división internacional del trabajo en la fase de predominancia del imperialismo mercantilista, exportador de manufactura- mantiene nuestros lazos de dependencia con el mercado internacional, todo lo cual indica que de ninguna manera la industrialización por sí sola juega un papel progresista en nuestros países.
Todo lo contrario, la industrialización, la seudoindustrialización, refuerza nuestros lazos de dependencia, significa un aumento del grado de explotación de nuestro pueblo.


TESIS II

La burguesía nacional en su conjunto, es incapaz de luchar por la liquidación de la dependencia en nuestra patria o por un desarrollo nacional e independiente. Sólo sectores minoritarios -la pequeña y mediana burguesía industrial- pueden jugar un papel de aliados circunstanciales con el proletariado en la lucha antiimperialista.

Pero el imperialismo se limita a controlar las industrias más importantes; estas requieren de la colaboración de un gran número de industrias subsidiarias pequeñas y medianas, las que quedan en manos de la burguesía nacional con intereses opuestos a los del imperialismo, lo mismo que la burguesía comercial menor, interesada en la expansión del consumo nacional. De esta manera la seudoindustrialización provoca la existencia de tres sectores burgueses:
1º) LA GRAN BURGUESÍA, aliada incondicional del imperialismo, cuyas ganancias comparte como socio menor, la que constituye por otra parte, el sector más importante y representativo de la burguesía nacional.
2º) LA BURGUESÍA COMERCIAL MEDIANA Y PEQUEÑA, no ligada al comercio internacional.
3º) LA BURGUESÍA DE LAS PEQUEÑAS Y MEDIANAS INDUSTRIAS.
Estos dos últimos sectores de la burguesía nacional son opuestos en sus intereses al imperialismo, pues necesitan de la ampliación del mercado interno y del aumento del poder adquisitivo de todo el pueblo, constituyéndose entonces en aliados circunstanciales del proletariado, que pueden incorporarse circunstancialmente a su lucha. Pero su debilidad y el hecho de tender hacia su fusión con el capital imperialista, despoja de iniciativa propia, de capacidad revolucionaria a estos dos sectores. Sólo se incorporarán circunstancialmente a la lucha antiimperialista que encabece el proletariado. En resumen, por sus vinculaciones económicas, la burguesía nacional está incapacitada -como lo demuestra la historia de los últimos treinta años- para imprimir a la nación un desarrollo capitalista independiente para cumplir las tareas democráticas que están aún a la orden del día para el desarrollo nacional. Estas vinculaciones económicas unen los intereses de la burguesía industrial con los de la oligarquía terrateniente, vinculada tradicionalmente a los monopolios de la carne, cereales y otros productos primarios, y a los consorcios financieros imperialistas, lo que la ata completamente para realizar la reforma agraria y liberar al país de la dependencia exterior, tareas básicas sin las cuales no es posible el desarrollo económico.

TESIS III

La seudoindustralización acentúa los desniveles regionales, y aumenta la superexplotación de los obreros de las zonas coloniales más atrasadas.

El imperialismo, al introducirse como factor estructural en el desarrollo de la economía argentina promoviendo la desindustrialización, ha acentuado los desniveles regionales, al desarrollar unilateralmente la zona portuaria en detrimento del interior. En este sentido, al centrar el establecimiento de "islotes industriales" principalmente en buenos Aires y el Litoral, provoca un crecimiento desmesurado de esa región con relación a otras zonas interiores. Y a la vez que acrecienta el proletariado industrial, establece en la región formas sociales más avanzadas, posibilitando la existencia de sectores obreros privilegiados. Sin embargo, el imperialismo mantiene la explotación colonial en las industrias primarias. Es por ello que la explotación de la clase obrera cobra características de superexplotación de las masas trabajadoras más atrasadas y ocupadas en actividades primarias. Es por ello que la explotación de la clase obrera cobra características de superexplotación de las masas trabajadoras más atrasadas y ocupadas en actividades primarias. Tal es el caso de los obreros azucareros, mineros, forestales, peones agrarios, etcétera.

TESIS IV

La burocracia sindical centralizada en buenos Aires es el principal obstáculo para el desarrollo del proletariado, y debe enfrentársela sobre la base del movimiento obrero del interior.

Para defender sus intereses profesionales, los obreros se organizan sindicalmente. El sindicato es entonces un aparato administrativo que el proletariado debe desarrollar para su lucha económica por sus reivindicaciones gremiales. Y como todo aparato administrativo es propenso a la burocratización, a un desarrollo exagerado que lo aleja de los intereses de las masas, creando sus propios intereses.
La presencia de sectores privilegiados en el seno de la clase trabajadora, centralizados en los grandes núcleos industriales proporciona una base social inmejorable, son el caldo de cultivo para la burocratización, para la consolidación de un poderoso aparato burocrático.
La inexistencia de un partido revolucionario capaz de someter la lucha económica a una lucha política revolucionaria, capaz de llevar al proletariado a superar las limitaciones de las reivindicaciones puramente económicas, también ha favorecido el fortalecimiento de la burocracia.
Estos son los factores que han permitido la formación de la poderosa burocracia que hace de dique de contención al proletariado y que éste debe liquidar en su ascenso revolucionario. Así, la burocracia centralizada en buenos Aires, controlando al conjunto del Movimiento Obrero a través del aparato cegetista, cumple su nefasto papel de desviar, de contener al proletariado, y como tal, debe ser combatida sin descanso por el Partido de la Revolución, dirección política de la clase obrera.

TESIS V

En la República Argentina, el eslabón más débil de la cadena es el Norte Argentino.

La existencia en el país de zonas económicas netamente diferenciadas, origina distintas relaciones de producción. Se pueden distinguir en forma global dos zonas.
1ª) Una zona avanzada, con gran crecimiento industrial y gran desarrollo capitalista en el campo.
2ª) Una zona colonial, subdesarrollada, con formas atrasadas de producción y asiento del sector industrial de actividad primaria. Tal es el caso del Norte, Cuyo y la Mesopotamia.
Estos desniveles regionales plantean a la vanguardia problemas tácticos, programáticos y formas de trabajo político que deben medirse cuidadosamente para el posterior planteo de la táctica insurreccional.
La existencia de estas zonas diferenciadas, genera distintos sectores y permite delimitar el sector de la clase obrera que se encuentra afectado en la zona colonial, soportando de manera más aguda las contradicciones del sistema capitalista. En el Norte, existe un numeroso proletariado rural afectado en sus relaciones con la oligarquía azucarera -sin tradición de burguesía aunque emplee las formas racionales de la explotación capitalista-, con el imperialismo que controla el paquete accionario de muchos ingenios, perteneciéndole la totalidad de algunos, con la burguesía forestal que aún continúa utilizando en el seno del obraje las antiguas formas de pagos con vales, giros, etcétera. Este proletariado rural es sometido allí a una cruel explotación.
Es en el Noroeste donde al no darse un acentuado desarrollo capitalista no se ha originado el crecimiento de las capas medias, y donde la diferenciación social, la existencia de ostensibles desniveles en el ingreso es más evidente. Es en el Noroeste donde el aparato de represión del Estado burgués es más débil, no habiendo desarrollado las clases dominantes las vías institucionales para incorporar a los sectores explotados dentro de los marcos del sistema, mejorando en algo sus condiciones de vida, amortiguando la lucha de clases. Es en el Noroeste el lugar donde el peso contrarrevolucionario de la burocracia sindical es menor, a diferencia de lo que ocurre en los grandes centros urbanos.
Estas características establecen: 1º.- Existen condiciones objetivas de superexplotación del proletariado rural. 2º.- Las posibilidades de desarrollo del FRIP entre el proletariado rural son óptimas.
La permanencia de éstas condiciones y la imposibilidad de la burguesía de suprimirla, provocando un ensanchamiento temporario de los marcos del sistema capitalista, incorporando en ese proceso a través de otros modos de integración social al proletariado rural, determina que el Noroeste sea el eslabón más débil de la cadena, el nudo que habrá de romper el FRIP, poniendo a las masas en combate, haciendo funcionar el motor humano de la revolución.

TESIS VI

El proletariado rural, con su vanguardia y el proletariado azucarero es el detonante de la Revolución Argentina.

El proletariado del Noroeste está constituido en su inmensa mayoría por el proletariado rural, el proletariado ocupado en actividades primarias, localizado en zonas rurales, en el azúcar, la explotación forestal, las minas, el algodón, etcétera. Este proletariado alcanza a 400 mil trabajadores y cuenta con el proletariado azucarero nucleado en la FOTIA como vanguardia natural. También está la FOSIF, que nuclea al proletariado forestal de SDE, numerosos sindicatos mineros, peones agrarios (FATRE), petroleros, etcétera.
La tradición de lucha del proletariado rural encuentra su expresión en el proletariado rural tucumano, con un alto grado de politización, de conciencia de clase, los trabajadores azucareros han señalado en reiteradas oportunidades el camino de la lucha al resto de la clase obrera argentina. Han llevado a su más alto nivel de combatividad el método más avanzado de combate espontáneo alcanzado por la clase obrera argentina: la ocupación de fábricas. En la última huelga por mejoras salariales, el gobierno provincial debió recurrir a la Gendarmería Nacional por resultarle insuficiente la policía para detener la movilización azucarera. La FOTIA agremia a 90 mil obreros con sus familias. El proletariado azucarero cuenta además con otra poderosa arma: la concentración. Tucumán es la provincia con mayor cantidad de habitantes por Km cuadrado.
El resto del proletariado rural del Noroeste argentino tiene la característica común de que el grado de explotación a que se ve sometido lo obliga a buscar permanentemente una salida, una modificación sustancial, no puede aguantar por más tiempo. Pero a diferencia del proletariado azucarero, no se encuentra ni tan concentrado ni tan politizado, por el contrario, ha sido abandonado por toda la izquierda cuya prédica nunca se hizo escuchar. Y está listo para despertar, esperando quien lo dirija para ponerse en movimiento. La lucha del proletariado azucarero encabezado por la FOTIA, confirma la tesis de los desniveles regionales, de la existencia de una zona colonial-capitalista, en donde se agudizan críticamente las contradicciones no resueltas en el desarrollo capitalista por la burguesía. Y es de señalar que esta lucha quedó reducida a los límites del sistema capitalista por la ausencia de una vanguardia esclarecida que indique desde fuera de FOTIA una estrategia revolucionaria, llevando a la clase obrera a una abierta lucha contra el régimen.

TESIS VII

En toda Indoamérica, el proletariado rural es el sector más combativo de la clase obrera por su carácter de enemigo irreconciliable del imperialismo y por la superexplotación a que se ve sometido.

Las características enunciadas del proletariado rural así como la importancia del problema regional, no son exclusivas de la Argentina sino que es una característica general en toda Indoamérica. En la mayoría de los países latinoamericanos el sector más combativo de la clase obrera es el proletariado rural, pues sobre él cae el mayor peso de toda la explotación -mineros, cafetaleros, bananeros, azucareros, etcétera.

TESIS VIII

El papel del proletariado urbano en el proceso de la revolución argentina no se desmerece por el carácter detonante, iniciador de la revolución que posee el proletariado rural.

La afirmación que antecede, señalando al proletariado rural como detonante de la revolución, no significa de manera alguna un desmerecimiento o subestimación para el rol del proletariado urbano en la revolución. La clase obrera forma un conjunto, es una totalidad y como tal e la clase más revolucionaria de la sociedad, la que representa el futuro, la que dirigirá a todo el pueblo en la liquidación del capitalismo y la instauración del socialismo. Sobre todo en la construcción del socialismo los obreros urbanos tendrán una importancia primordial por su preparación, por su número, pero en el proceso revolucionario en su faz inicial el destacamento de vanguardia de la clase obrera será el proletariado rural.


TESIS IX

El proletariado rural incorporará fácilmente al campesinado a la lucha por la liberación nacional y social.

Por los profundos lazos que unen al proletariado rural con el campesinado, el primero se encuentra en inmejorables condiciones para sellar la alianza obrero-campesina y arrastrarlo junto a él. Los obreros rurales están unidos a los campesinos por lazos familiares y locales. Son hijos, hermanos, vecinos. Ese hecho facilita enormemente su influencia sobre el campesinado: este es otro rasgo que otorga al proletariado rural el papel de mayor importancia en el proceso revolucionario.
Los campesinos explotados en el mercado, tienen intereses contrapuestos en la burguesía, la oligarquía y el imperialismo. Están por eso dispuestos a luchar contra ellos; mas por su carácter de clase, son incapaces de llevar adelante una lucha consecuente y por su heterogeneidad, por dispersión geográfica, no están en condiciones de constituir por sí solos una fuerza capaz de combatir abiertamente contra el régimen. Así el papel del campesinado en la Revolución Argentina es el de compañero, aliado, apoyo del proletariado. Sin embargo, es necesario ganarlo por esa alianza y el proletariado rural estará en inmejorables condiciones para conseguirlo.
Debemos señalar que en lo que respecta al resto de Indoamérica, tal como lo señala la experiencia peruana, mexicana, cubana, el campesinado disputa el liderazgo de la revolución al proletariado e incluso ha resultado terreno propicio -como lo enseña la revolución cubana y la formación del FIR en el Perú- para el desarrollo de una vanguardia revolucionaria.

TESIS X

El FRIP como vanguardia en construcción de la Revolución Argentina, debe dirigir su trabajo de desarrollo sobre la base social de los trabajadores rurales, especialmente sobre la FOTIA y la FOSIF, sin descuidar el trabajo sobre los otros sectores, en especial el proletariado urbano.

Entonces el FRIP debe organizarse como el Estado Mayor de la Revolución Argentina, sobre la base primordial del proletariado rural, especialmente sobre el proletariado azucarero. Debe dirigir sus esfuerzos a consolidarse organizativamente entre el proletariado rural, fundirse con él y con el resto de la clase obrera, ponerse a su cabeza y señalarle el camino de la lucha, el camino de la toma del poder. Sólo un partido revolucionario estructurado sobre esa base social, con una férrea organización, dirección centralizada, completa independencia ideológica y organizativa, estará en condiciones de llevar al pueblo a la victoria, liquidar al imperialismo, al capitalismo, la explotación del hombre por el hombre y abrir a la Argentina, a Indoamérica, el brillante futuro de una sociedad socialista. Y ese partido será el FRIP que constituiremos con nuestras propias manos, con nuestra actividad incansable de revolucionarios.

 
At noviembre 21, 2006 11:30 a. m., Anonymous manuel_g said...

lurdes, puedes encontrar datos sobre Francisco Santucho en Santiago del Estero - Cultura

http://www.santiagocultura.com.ar

 
At diciembre 13, 2006 6:24 a. m., Anonymous Juan P said...

Algo mas sobre Santucho Francisco se puede extraer de libros como "Nosotros los Santucho" de Rina Santucho, "Diario Argentino" de Wiltod Gombroitz, "Todo o Nada" de Seoane. Y seguramente que hay otros libros u otros medios para encontrar mas informacion sobre éste pensador americanista

 

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